¿Dónde están los ladrones? Y no me refiero a los de Shakira….

¿Eres tú uno de ellos? ¿Eres un ladrón de Derechos de Autor?

#todossomosFridaKahloyPauloCoehlo 😉

Tranquila, no me malinterpretes, déjame explicarte por qué estoy bastante segura de que eres o has sido una ladrona de derechos de autor, alguna vez; ya sea de manera intencional, o inadvertidamente. 

Y es que, cómo no caer en semejante trampa, si hoy día es extremadamente fácil, «llevarte» una bella frase motivacional de ese autor «al que admiras tanto»… (pero que no sabes nada de su historia). Lo admiras desde el momento en que hiciste un google search: «frases para mujeres luchonas» y te aparece la gran Frida Kahlo con su «pies pa’ qué los quiero, si tengo alas para volar». ¡Uff! Todo un clásico. No solo encontraste esa frase de «mujer luchona», sino que viene acompañada de una bella imagen de una pintura de la gran Frida que va perfecta con tu Instagram Feed.  Así que, ¡zasss! «Save as photo» and «Upload to IG feed».

«Ajá, licen… ¿y qué tiene eso de malo?, si está ahí en el Internet, la persona que la publicó  tiene que saber que está al alcance de todos y cualquiera la puede compartir o usar, no? Digo, al menos no estoy acompañando la frase con una foto mía en el gym haciendo como que hago»

WRONG! Tanto lo de la foto en el gym haciendo como que haces; como pensar que todo lo que está en el internet puedes ser usado como quieras y cuando quieras.

«Ah no, pero licen, yo soy muy muy diligente y cuando utilizo el contenido de otras personas en mis redes o en la página de mi negocio, le doy crédito al creador, o pongo el enlace del contenido original. Ya con eso debo estar bien, Licenciada, right?»

WRONG!

«Pero, ¿y cómo qué WRONG”, licen?» Bueno, pues fÍjate,.imaginemos esta situación hipotética (así como nos decía un profesor en Escuela de Derecho; yo temblaba y oraba «que no me pregunte a mi, que no me pregunte a mi»,  cada vez que escuchaba las palabras super gritadas: ¡¡¡“SITUACIÓN HIPOTÉTICA”!!!)

Entonces, imagínate que estás tomando unas clases de teatro. El examen final es la composición del guion (script) de un cortometraje. Te super amaneciste en la biblioteca de la Universidad preparándolo. 

Este guion fue solicitado por todos los maestros de la clase de teatro, a todos sus grupos de estudiantes. Tú te amaneciste tanto haciendo tu obra maestra, que te quedaste dormida mientras revisabas el borrador, el cual pusiste en la mesita al lado de donde te encontrabas sentada (lo pusiste al lado para no babearlo, por supuesto). 

Entonces, viene un compañero que toma la misma clase con otro profesor, lo vio allí puestecito, bien bonito, y como es «muy considerado», no te quiso despertar para preguntarte si podía sacarle copia a tu guion y entregarlo a su maestro; ya que, por supuesto, al compañero se le olvidó. 

Total, a fin de cuentas toman la misma clase, pero son diferentes maestros. Y por ahora dejemos aparte todo el asunto del plagio y del lío en el que se pueden meter los dos en la Universidad. Enfoquémonos simplemente en cómo te sentirías tú. De seguro pensarás: «¡Pero qué descaro tiene este compañero! Yo me esforcé muchísimo creando este guion, para que alguien venga así, nada más, le saque copia y se lo entregue a su profesor como si fuera de su creación». 

Allá vas tú a reclamarle y este compañero te dice: «No nena tranquila, primero que son dos profesores diferentes, no se van a dar cuenta. Segundo que yo no lo entregué así igual al tuyo, le cambié algunas cosas para que no se vean iguales. Tú sabes, “just in case”» y te hace un «winky face» y todo, como si todo estuviera bien cool.

Y tú, un poco en shock por su respuesta, le respondes: «Compañero, es que tú básicamente lo que hiciste aquí fue robar. Robaste mi creación y lo presentaste a otro como si fuera tuyo. Además, lo entregaste primero que yo, mi profesor se dio cuenta y me lo cuestionó. Piensa que la obra es realmente tuya, pues como yo me quedé dormida, no lo pude entregar a tiempo. Al no haber hecho el registro de mi guion a tiempo, el profesor ahora no sabe si realmente esa obra es mía o tuya y no quiere darme la oportunidad de que tengamos una reunión y discutirlo.»

Tu compañero se ríe a carcajadas y te dice: «Nena, pero deja el drama, tranquila. Mira, para que no te molestes, en una próxima ocasión que utilice otra creación tuya (sí claro, como si se lo fueses a permitir, ¿ah?), lo que hago es que abajito en el papel, escribo que fue inspirado en tu obra, o pongo tu nombre por alguna esquinita. Es más, si tienes una página web, pongo hasta el enlace a tu escrito o algo así, ¿No es un “big deal”?». Tú tratas de tener calma y le dices: «Escucha, “nene”, la próxima vez que tú quieras utilizar una obra de mi creación, tú lo que tienes que hacer es pedirme permiso o te vas a buscar un problema legal conmigo” Le dices eso, aunque no tienes la más mínima idea de si eso, tan siquiera, es algo que pudiera tener consecuencias legales.

¿Ya ves por donde voy? ¿Ya puedes hacer la asimilación de esta situación hipotética, con lo que pensabas de tomar una creación de otra persona y compartirla sin su permiso? De seguro te hubieses sentido mejor si el compañero, al menos, te daba el crédito; pero, de todas formas, eso no quita el hecho de que utilizó tu obra sin tu consentimiento. 

Y este es el error que muchos cometemos con este tema de la creación y el uso de contenido y los Copyrights o Derechos de Autor. En esto de los copyrights, no vale la regla de «es mejor pedir perdón que pedir permiso». ¡Nope! Ese trabajo, obra, creación, como desees llamarle, pertenece a alguien, pertenece a su creador y existen leyes que los protegen.

Empecemos por el principio. ¿Qué son los Derechos de Autor y qué protecciones ofrecen? 

Estos derechos nacen de la Constitución Federal de los Estados Unidos, la cual le da al Congreso el poder de «promover el progreso de la ciencia y las artes, por medio de asegurar a sus autores o inventores por tiempo limitado, el uso exclusivo de sus escritos y descubrimientos». El Congreso entonces creó la Ley Federal de Derechos de Autor. 

La mejor manera de pensar en los derechos de autor es imaginar una caja de chocolates, donde cada chocolate representa uno de los derechos de autor exclusivos sobre el trabajo de su creador. Su creador (dueño), puede comer tantos chocolates como desee, puede optar por comer algunos chocolates y no otros, puede compartir uno o más chocolates con otras personas, puede prestar o vender uno o más chocol… espera, no creo que puedas prestar un chocolate (al menos no a mí, porque lo desapareceré enseguida); pero bueno, entiendes la idea.

Cuando, por ejemplo, escribes un blog, tus pensamientos originales y tu manera de plasmarlos están contenidos en tu trabajo. Salvo acuerdo en contrario, la Ley da derechos a su autor; le da el poder de controlar dónde se ve su contenido y le da la capacidad de excluir a otros del uso de su trabajo sin su permiso. También puede ceder, vender y / o licenciar algunos o todos sus derechos de autor a terceros. 

 

Las obras que pueden estar protegidas por derechos de autor pueden ser de muchos tipos diversos como, por ejemplo:

  • Trabajos audiovisuales, como programas de TV, películas y vídeos online.
  • Grabaciones de sonido y composiciones musicales.
  • Obras escritas, como conferencias, artículos, libros y composiciones musicales.
  • Trabajos visuales, como cuadros, carteles y anuncios,
  • Videojuegos y software informático.
  • Obras dramáticas, como obras de teatro y musicales.

¿Qué derechos brinda la Ley de Derechos de Autor? 

La Ley de Derechos de Autor provee varios derechos exclusivos cuando creas o plasmas tu obra original en un medio tangible. Esta Ley otorga el derecho exclusivo a su autor o inventor, de:

  1. Reproducir o hacer copias de su trabajo.
  2. Ejecutar la obra en público. Por ejemplo hacer alguna actuación o exhibición pública, un «cover» de una canción, un video en YouTube, etc. 
  3. Derecho a transmisión pública de audio. Por ejemplo, usar canciones protegidas por copyrights para ponerlas durante el devocional y servicio de una iglesia y más riesgoso aún, transmitir el servicio por las redes sociales.
  4. Crear trabajos derivados basados en su trabajo original. Traducción, arreglo musical, dramatización, ficción, versión cinematográfica, grabación de sonido, arte, reproducción, resumen, condensación o cualquier otra forma en la que una obra pueda ser recreada, transformada o adaptada.

Por ejemplo, J.K. Rowling obtuvo los derechos de autor de los libros de Harry Potter cuando los escribió. Warner Brothers no los hubiese podido crear sin permiso. De igual forma, George Lucas posee los derechos de autor de la serie de Star Wars y algunos de sus trabajos derivativos son figuras y juguetes alusivos a la película de Star Wars, mochilas de Yoda, posters, disfraces etc. Cuando Lucas vendió Lucasfilm a la compañía Walt Disney, Disney adquirió los derechos de autor a la franquicia de Star Wars y ahora controla los trabajos derivativos que pueden hacerse basados en la película. 

Un blog como este, por ejemplo, también puede tener varios trabajos derivativos. Pudiera convertirse en un libro con una compilación de todos los blogs antes publicados. Un dibujo o fotografía en tu blog o una línea de productos creada basada en tu trabajo, son trabajos derivativos. 

Y entonces, ¿cuándo exactamente nacen los Derechos de Autor?

Nacen cuando se configuran los elementos del copyright. Es decir, nace en el momento en que una persona crea una obra obra que es:

  • Una expresión artística. 
  • Creativa y original del creador (cuidado con el «inspirado en»).
  • Y se plasma en un medio tangible de expresión

Un trabajo no tiene que estar registrado con la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos para recibir los derechos de autor. El derecho nace tan pronto como cuando la obra se plasma en un medio tangible. De manera que, desde que tomaste la foto, escribiste la letra de una canción en una servilleta, o el contenido de un blog como este, ya tienes el derechos de autor.

Pero… ¿si el derecho de autor NO nace con el registro, por qué debería registrar mis creaciones?

¿Recuerdas el ejemplo del guion de la clase de teatro? Bueno, si no lo recuerdas dale pa’ arriba un poquito, para que lo vuelvas a leer. En ese ejemplo, al no haber un registro de que entregaste el guion a tiempo, el profesor no quiere ni darte la oportunidad de tener una reunión en la que puedan discutir este suceso y no tiene evidencia de que el libreto es tuyo.

De manera similar pasa si no registras tu trabajo, tus obras. Sin registro sigues siendo el dueño de esa obra desde que la creaste y la plasmaste en un medio tangible, pero NO tendrías derecho a hacer ningún reclamo en un tribunal. El registro en la Oficina de Derechos de Autor te da acceso al tribunal y representa evidencia «prima facie» de que eres el dueño de dicho trabajo. 

El registro te provee remedios legales, puedes demandar a la persona que está utilizando tu obra como si fuera suya, puedes solicitar daños estatutarios que comienzan en los $150,000. Actualmente, sin registro, solo podrías tratar de pelear fuera de los tribunales utilizando mecanismos como reportar páginas de Facebook o Instagram, reportar videos en YouTube, etc. 

Digo actualmente, porque en diciembre del 2020, el Congreso de Estados Unidos, introdujo una nueva ley de derechos de autor. Se trata de The Copyright Alternative in Small-Claims Enforcement Act of 2019 (the CASE Act). Esta Ley establece un sistema similar a un tribunal de reclamos menores dentro de la Oficina de derechos de autor de los Estados Unidos para que los propietarios de derechos de autor puedan reclamar indemnización por daños debajo de $30,000 por violaciones a estos derechos.

Pero sobre esta nueva ley, así como otros aspectos con relación a los derechos de autor, te continuaré contando en mi próximo escrito. 

¿Nos vemos allá? 

Lcda. Sohary Fonseca Rodríguez
Escritora de Legaliza tu Sueño en soñadoras.com 

 

Información de contacto:
soharyfonsecalaw@gmail.com

 

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